Ecuación de la Corrupción

Gustavo Pérez Ramírez
Periodista y escritor
Ecuador
gperezr@io.satnet.net
www.uio.satnet.net/periodismo

Robert Klitgaard, profesor de Harvard, define con una simple ecuación el gran problema de la corrupción: C= M + A - T. (1)

C es Corrupción, M Monopolio, A Arbitrariedad y T Transparencia. (2) Cuanto menor la Transparencia, mayor la Corrupción.

La fórmula no la aprendí en esa universidad, pues mi escuela es otra y no de político. La aprendí de un banquero, aunque tampoco este es mi entorno, de Gustavo Franco, ex presidente del Banco Central de Brasil. La trae a cuento en su artículo Corrupção e lubrificação para la revista VEJA de mediados de noviembre, donde propone que su gobierno solicite a los Estados Unidos una lista de los pagos lubricados hechos a funcionarios públicos brasileños por empresas americanas.

Por su aplicabilidad a nuestros países resumo su pensamiento, que a su vez se basa en estudios recientes de los investigadores Alberto Ades y Rafael Di Tella publicados en una revista académica inglesa. Con base en estadísticas del World Competitiveness Report sobre prácticas comerciales en diferentes países entre 1989-1992, los autores citados analizan la relación entre corrupción y lo que denominan "política industrial activa". La conclusión es que las políticas industriales activas de hecho aumentan las inversiones, pero producen corrupción. 16% y 44% de las inversiones en políticas industriales activas se transforman en "propinas" en un 30% en promedio.

Propina, estimado lector, significa aquí soborno. Lo que uno le da al mesero en un restaurante en Brasil es la "gorjeta", que no equivale al "puorboire" de los franceses, suplemento para que se echen un tragito, sino parte esencial del salario para medio sobrevivir, porque la corrupción estructural establece en nuestros países míseros salarios para el gremio en el supuesto de que las gorjetas o propinas lo compensan. Razón por la cual es aconsejable darla, esté uno o no satisfecho con su servicio. Pero este es otro problema.

Como no existe corrupción sin corruptores, añade Franco, hay que reflexionar cada vez que se oigan clamores sobre la necesidad de una política industrial. La intención puede ser buena pero hay que estar en guardia contra subproductos nada deseables, como lo prueban los micos o añadidos a leyes que pasan en los congresos legislativos, que desvirtúan proyectos de ley beneficiosos. El autor da una prueba: en 1977 el Congreso Americano pasó una ley por medio de la cual se consideraba criminal el soborno a funcionarios públicos extranjeros con el propósito de mantener o de obtener un negocio. Pero se le añadió un mico. No es considerado soborno o crimen el pago de lubricantes, "grease payments" con el propósito de "facilitar o asegurar el desempeño de una tarea gubernamental rutinaria" sic. De ahí que estos pagos sean considerados gastos operacionales y por lo tanto deducibles para fines de cálculo del lucro, y que muchos países del mundo los permitan, aunque aparecen mucho más arriba en la escala de transparencia y honestidad, que nuestros también corruptos países del sur. La corrupción está globalizada y es producto de una simple ecuación.

(1) se puede obtener su libro, Controlando la Corrupción, en prensa@sudamericana.com

(2) Transparencia ausente en las deliberaciones de la OMC en Seattle. Los latinoamericanos, al igual que los caribeños y africanos, dejaron en claro que "mientras no existan condiciones de transparencia, apertura y participación que permitan resultados equilibrados que respeten los intereses de todos los miembros, no nos sumaremos al consenso requerido para cumplir los objetivos de esta conferencia ministerial".

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Gustavo Pérez Ramírez: Colombiano, Ph.D en ciencias politicas y sociales, Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Es autor de numerosos libros, el más reciente Utopías para el siglo XXI, saldrá muy pronto. Mantiene una página web, Periodismo en el Ciberespacio: www.uio.stnet.net/periodismo. Escribe semanalmente para varios periódicos en Colombia a través de Colprensa. Trabajó para las Naciones Unidas en Nueva York desde 1972, primero en la División de Población y después en el Departamento de Cooperación Técnica para el Desarrollo hasta su jubilación en 1988.

[Nota Editorial: este artículo salió en El Tiempo, Colombia, el 4 de diciembre de 1999.]


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